... esta mañana me he dejado la llave de la bici puesta. Pero los holandeses no son tan imbéciles como para llevarse ese trasto y ya está de vuelta en casa.
lunes, 29 de marzo de 2010
jueves, 18 de marzo de 2010
De visitas, casas, hacienda y otras cosas
Bueno, parece que me cuesta escribir por aquí, casi tanto como terminar de subir la cuesta en la calle antes de llegar a casa (algún día lo conseguiré; ya si es con mi actual bici ya no sé yo).
En fin, últimas novedades: Helena y yo hemos estado buscando una casa para compartir más cerca del centro desde enero. Al principio era muy frustrante que nadie nos llamara, hasta que descubrimos cómo llamar su atención: escribir desde el email del trabajo, con la firma, diciendo que trabajamos (por más que decíamos que no eramos estudiantes yo creo que seguían pensándolo). Y así conseguimos 4 visitas para 4 casas en una semana. Toma ya.
Tras las visitas nos enamoramos de una casa y fuimos a por ella. Ya tenemos todos los papeles que nos piden en la agencia y hoy nos escriben diciendo que la dueña de la casa, que vive en Nueva York, va a estar esta semana aquí y quiere conocernos. Y van y nos sueltan que viene a nuestra casa donde vivimos ahora!! ¡Quéeeeeeeeeeeeeeeee?! Ni de coña, Helena se ha puesto como una fiera y al final el email polite lo he tenido que escribir yo diciendo que casi que no.
Ya os contaré, cada día que pasa flipo más en este país.
El fin de semana pasado tuve vista. Glori y Charo se dejaron caer por aquí. Y empiezo a pensar que tengo un cierto gafe con las visitas: en Navidades mi familia se quedó a punto de no poder volar a Holanda y el viernes mis amigas llegaron después de dar mil y una vueltas por el país porque por lo visto las vías del tren entre Utrecht y no se qué ciudad no iban bien por un incendio. En fin, que lo pasamos muy bien y no les llovió casi nada. Además nos fuimos al Café Jos a probar la carta de cervezas :D
Es la época de hacer la declaración de la renta y las siempre eficientes trabajadoras de recursos humanos se olvidaron de ponerme en la lista de gente que recibe ayuda de un asesor (o como se diga el que te hace la declaración). En fin, que después de decirme que no me correspondía la ayuda porque llevaba más de un año aquí y de la respuesta super borde que les mandé por email se acojonaron y me llamaron por teléfono para decir que lo arreglarían para que me ayudara el asesor. No hay nada como ser borde para que las tías estas trabajen algo y se dejen ya de tener hijos como conejas, coño, que cada vez que vas allí o te encuentras que están de baja por maternidad o con un bombo que parecen una mesa camilla. El caso es que tendré que hacer la declaración por primera vez en mi vida y encima en holandés, ozú.
Hoy por fin ha empezado a notarse algo que la primavera está a la vuelta de la esquina. Qué gusto ver el sol y no tener lluvia, aunque creo que va a durar poco.
Por cierto, qué difícil es doblar las camas hinchables y volver a meterlas a capón en la bolsa de lona, puf.
Otra cosa: hemos descubierto que el dueño de esta casa se viene aquí a fumarse los porros. O eso pensamos, porque de vez en cuando hay un olor a marihuana en el pasillo que lo flipas y nosotras no somos. A lo mejor por eso el hombre va siempre tan dicharachero. Cada día más ganas de irme de esta casa xD
En fin, últimas novedades: Helena y yo hemos estado buscando una casa para compartir más cerca del centro desde enero. Al principio era muy frustrante que nadie nos llamara, hasta que descubrimos cómo llamar su atención: escribir desde el email del trabajo, con la firma, diciendo que trabajamos (por más que decíamos que no eramos estudiantes yo creo que seguían pensándolo). Y así conseguimos 4 visitas para 4 casas en una semana. Toma ya.
Tras las visitas nos enamoramos de una casa y fuimos a por ella. Ya tenemos todos los papeles que nos piden en la agencia y hoy nos escriben diciendo que la dueña de la casa, que vive en Nueva York, va a estar esta semana aquí y quiere conocernos. Y van y nos sueltan que viene a nuestra casa donde vivimos ahora!! ¡Quéeeeeeeeeeeeeeeee?! Ni de coña, Helena se ha puesto como una fiera y al final el email polite lo he tenido que escribir yo diciendo que casi que no.
Ya os contaré, cada día que pasa flipo más en este país.
El fin de semana pasado tuve vista. Glori y Charo se dejaron caer por aquí. Y empiezo a pensar que tengo un cierto gafe con las visitas: en Navidades mi familia se quedó a punto de no poder volar a Holanda y el viernes mis amigas llegaron después de dar mil y una vueltas por el país porque por lo visto las vías del tren entre Utrecht y no se qué ciudad no iban bien por un incendio. En fin, que lo pasamos muy bien y no les llovió casi nada. Además nos fuimos al Café Jos a probar la carta de cervezas :D
Es la época de hacer la declaración de la renta y las siempre eficientes trabajadoras de recursos humanos se olvidaron de ponerme en la lista de gente que recibe ayuda de un asesor (o como se diga el que te hace la declaración). En fin, que después de decirme que no me correspondía la ayuda porque llevaba más de un año aquí y de la respuesta super borde que les mandé por email se acojonaron y me llamaron por teléfono para decir que lo arreglarían para que me ayudara el asesor. No hay nada como ser borde para que las tías estas trabajen algo y se dejen ya de tener hijos como conejas, coño, que cada vez que vas allí o te encuentras que están de baja por maternidad o con un bombo que parecen una mesa camilla. El caso es que tendré que hacer la declaración por primera vez en mi vida y encima en holandés, ozú.
Hoy por fin ha empezado a notarse algo que la primavera está a la vuelta de la esquina. Qué gusto ver el sol y no tener lluvia, aunque creo que va a durar poco.
Por cierto, qué difícil es doblar las camas hinchables y volver a meterlas a capón en la bolsa de lona, puf.
Otra cosa: hemos descubierto que el dueño de esta casa se viene aquí a fumarse los porros. O eso pensamos, porque de vez en cuando hay un olor a marihuana en el pasillo que lo flipas y nosotras no somos. A lo mejor por eso el hombre va siempre tan dicharachero. Cada día más ganas de irme de esta casa xD
lunes, 1 de marzo de 2010
Mi nueva bici, capítulo chorrocientos
Fruto de una noche de alcohol y desenfreno (pero no por mi parte) mi bici boxmiriana sufrió un percance que me dejó un jueves con cara de lela delante de una bici lo más parecida a un muelle. Algún gigante holandés se debió caer encima o le cayó gorda la pobre. Así que a caminar.
En un intento de salvar su triste vida me la llevé a cuestas al taller que está al final de la calle casi. Estaba de cuadro yo tirando de "eso", por llamar al amasijo de alguna forma. Ya cuando me quedaban unos 100 metros como máximo un chico se apiadó de mi y me dijo que la llevara a un taller que estaba ahí cerca. Ja, me parto, le tenía que haber dicho. En cambio solo le contesté que era ahí donde iba. Y me ayudó a llevarla hasta el callejón.
Una vez allí el mecánico me dijo que no podía hacer nada por su vida. Yo supliqué "no, por dios, tienes que hacer todo lo que esté en tu mano, no puedo perderla". Pero fue inútil.
En cambio le di pena al chico (fíjate tú, tengo una cara que hace que le dé penilla a los chicos y me ayuden con la maleta, con la bici... lo malo de esa cara es que también hace que los solidarios y los religiosos me paren a darme el coñazo :S) y me dijo que conocía a un hombre mayor que dedica el tiempo libre a hacer bicis de segunda mano. Mira, otros jubiletas se dedican a pasear al perro. Este tiene un hobby que a mi me ha venido de perlas.
El mecánico buenorro (ah, ¿que no lo he dicho? es el primer holandés del que me he enamorado a primera vista, mira que estoy por romper la bici para volver...) me dijo que él llamaba al hombre y me conseguía una bici barata.
Y lo prometido es deuda. Hoy me estaba esperando una bici monísima por 60 euros y con todo, todo, todo: el timbre, las luces, el cepo, los frenos en el manillar como dios manda y hasta me han bajado el sillín para que no me parta la cabeza a las primeras de cambio. Así me gustan las compras.
En un intento de salvar su triste vida me la llevé a cuestas al taller que está al final de la calle casi. Estaba de cuadro yo tirando de "eso", por llamar al amasijo de alguna forma. Ya cuando me quedaban unos 100 metros como máximo un chico se apiadó de mi y me dijo que la llevara a un taller que estaba ahí cerca. Ja, me parto, le tenía que haber dicho. En cambio solo le contesté que era ahí donde iba. Y me ayudó a llevarla hasta el callejón.
Una vez allí el mecánico me dijo que no podía hacer nada por su vida. Yo supliqué "no, por dios, tienes que hacer todo lo que esté en tu mano, no puedo perderla". Pero fue inútil.
En cambio le di pena al chico (fíjate tú, tengo una cara que hace que le dé penilla a los chicos y me ayuden con la maleta, con la bici... lo malo de esa cara es que también hace que los solidarios y los religiosos me paren a darme el coñazo :S) y me dijo que conocía a un hombre mayor que dedica el tiempo libre a hacer bicis de segunda mano. Mira, otros jubiletas se dedican a pasear al perro. Este tiene un hobby que a mi me ha venido de perlas.
El mecánico buenorro (ah, ¿que no lo he dicho? es el primer holandés del que me he enamorado a primera vista, mira que estoy por romper la bici para volver...) me dijo que él llamaba al hombre y me conseguía una bici barata.
Y lo prometido es deuda. Hoy me estaba esperando una bici monísima por 60 euros y con todo, todo, todo: el timbre, las luces, el cepo, los frenos en el manillar como dios manda y hasta me han bajado el sillín para que no me parta la cabeza a las primeras de cambio. Así me gustan las compras.
domingo, 14 de febrero de 2010
La nieve que no cesa
Sí señores, aquí estamos, 14 de febrero y todo nevado, once again. No sé ya si llorar, reír o cagarme en tó.
Creo que definitivamente mis faldas se van a quedar en el armario apolillándose hasta el fin de los tiempos. La mejor inversión para este año será comprarme una quitanieves y una tonelada de sal.
A todo esto, que estamos en carnaval y mañana tenemos la intención de salir disfrazados a la calle, nada más ni nada menos que con vestido de sevillanas. Como esto siga así sé de una que no va a salir del bar en todo el día, o si se pone la cosa muy malita ni de casa.
Desde luego, vaya país. Me han vuelto a timar con el "aquí no nieva más que un par de veces al año!
¡JA!
Mañana ya os contaré si se me ha congelado el culo al final con el vestido de sevillana o si lo he forrado con polar.
Creo que definitivamente mis faldas se van a quedar en el armario apolillándose hasta el fin de los tiempos. La mejor inversión para este año será comprarme una quitanieves y una tonelada de sal.
A todo esto, que estamos en carnaval y mañana tenemos la intención de salir disfrazados a la calle, nada más ni nada menos que con vestido de sevillanas. Como esto siga así sé de una que no va a salir del bar en todo el día, o si se pone la cosa muy malita ni de casa.
Desde luego, vaya país. Me han vuelto a timar con el "aquí no nieva más que un par de veces al año!
¡JA!
Mañana ya os contaré si se me ha congelado el culo al final con el vestido de sevillana o si lo he forrado con polar.
martes, 9 de febrero de 2010
Un año que se va...
Hoy cumplo años. En concreto cumplo uno. Es que soy muy joven...
Hace un año exactamente nacía a otra vida. La vida holandesa. Esa que consiste en comer fatal y montar en bici aunque mi falda se niegue a dejarme. Esa que está llena de lluvia y últimamente de nieve (creo que esta semana va a volver a caer ese manto blanco que tanto nos gusta por aquí). La vida en la que los kilómetros que te separan de casa se cuentan por miles y las vacaciones se aprovechan para volver a casa y traerse la maleta llena de cosas tan imprescindibles como una botella de aceite (!).
Las fotos se acumulan y atesoran en el disco duro del ordenador, y amenazan con ser tantas que pierdan el sentido de su ser. Las experiencias se acumulan a ritmo acelerado (al menos por ahora que todo sigue siendo nuevo).
Hace un año llegaba en avión cargada como una hormiguita, con mucha ilusión y un despertador que me acompañó todos estos años de instituto, universidad pero que no sobrevivió al duro viaje y me abandonó a mi suerte. No he podido reemplazarlo desde entonces y la verdad es que ese pi-pi-pi que me acompañó tantos años lo eché de menos al principio pero todo se pasa con el tiempo.
El tiempo vuela y uno no se da ni cuenta. Dentro de nada quizá cuente que ya he cumplido dos añitos y hasta llegue el momento en que diga que no voy a casa por vacaciones sino que vuelvo a casa después de las vacaciones. Quién sabe, solo diré que todos mis días son lo que quieren ser, yo sólo marco las huellas de mis pies...
Hace un año exactamente nacía a otra vida. La vida holandesa. Esa que consiste en comer fatal y montar en bici aunque mi falda se niegue a dejarme. Esa que está llena de lluvia y últimamente de nieve (creo que esta semana va a volver a caer ese manto blanco que tanto nos gusta por aquí). La vida en la que los kilómetros que te separan de casa se cuentan por miles y las vacaciones se aprovechan para volver a casa y traerse la maleta llena de cosas tan imprescindibles como una botella de aceite (!).
Las fotos se acumulan y atesoran en el disco duro del ordenador, y amenazan con ser tantas que pierdan el sentido de su ser. Las experiencias se acumulan a ritmo acelerado (al menos por ahora que todo sigue siendo nuevo).
Hace un año llegaba en avión cargada como una hormiguita, con mucha ilusión y un despertador que me acompañó todos estos años de instituto, universidad pero que no sobrevivió al duro viaje y me abandonó a mi suerte. No he podido reemplazarlo desde entonces y la verdad es que ese pi-pi-pi que me acompañó tantos años lo eché de menos al principio pero todo se pasa con el tiempo.
El tiempo vuela y uno no se da ni cuenta. Dentro de nada quizá cuente que ya he cumplido dos añitos y hasta llegue el momento en que diga que no voy a casa por vacaciones sino que vuelvo a casa después de las vacaciones. Quién sabe, solo diré que todos mis días son lo que quieren ser, yo sólo marco las huellas de mis pies...
jueves, 14 de enero de 2010
Walking on thin ice
Vaya invierno que llevamos. Todo empezó la semana antes de Navidad, nevando sin parar colapsando el país. Uno pensaría que Holanda está preparada para las inclemencias del tiempo, al fin y al cabo, viven al norte, nevará por aquí también, ¿no?
Pues la respuesta es no. Aquí no están acostumbrados a la nieve. Las calles se llenan de centímetros de nieve que al principio quitan los coches al pasar y en las calles principales después la quitanieves, pero un tiempo después.
En cuanto a las aceras, pues ahí se queda. Desde luego que eso de que el peatón es el último mono aquí es cierto hasta las últimas consecuencias. Luego te encuentras que pasan cosas como lo que le ha ocurrido hoy a Linda, una compañera del trabajo. Ha ido a una reunión que tenía en una ciudad cerca de Ámsterdam y por no llegar tarde ha decidido ir en tren y después andar hasta la oficina. Nada, 10 minutos a lo máximo. Pues claro, como aquí ni Perry limpia las aceras ha terminado rompiéndose un tacón.
Es que aquí el que quiere un deporte de riesgo camina por la acera. Debe ser que el concepto "echar sal" no está muy extendido por aquí. Pero claro, es que también dicen que cada vecino es responsable de su trozo de acera. Ya, ¿y las partes que no son de nadie qué?
En fin, que así está nuestra entrada, llena de nieve. Aunque hoy parece que ha hecho un poco de sol y ha empezado a derretirse. A ver si esta noche no hace mucho frío, si no mañana podemos irnos patinando a la estación...
En cuanto a las aceras, pues ahí se queda. Desde luego que eso de que el peatón es el último mono aquí es cierto hasta las últimas consecuencias. Luego te encuentras que pasan cosas como lo que le ha ocurrido hoy a Linda, una compañera del trabajo. Ha ido a una reunión que tenía en una ciudad cerca de Ámsterdam y por no llegar tarde ha decidido ir en tren y después andar hasta la oficina. Nada, 10 minutos a lo máximo. Pues claro, como aquí ni Perry limpia las aceras ha terminado rompiéndose un tacón.
Es que aquí el que quiere un deporte de riesgo camina por la acera. Debe ser que el concepto "echar sal" no está muy extendido por aquí. Pero claro, es que también dicen que cada vecino es responsable de su trozo de acera. Ya, ¿y las partes que no son de nadie qué?
En fin, que así está nuestra entrada, llena de nieve. Aunque hoy parece que ha hecho un poco de sol y ha empezado a derretirse. A ver si esta noche no hace mucho frío, si no mañana podemos irnos patinando a la estación...
jueves, 31 de diciembre de 2009
Shit happens
Como hace muuucho que no me paso por aquí (qué se le va a hacer, soy una mujer trabajadora independiente y que tiene muchas cosas que hacer xD) resumiré lo que me ha pasado en estas vacaciones, que tampoco son muy vacaciones...
La última semana de trabajo fue bastante relajada, el martes era el día grande en la empresa: nos daban la cesta de navidad y había fiesta en la cantina. Resultado: una caja con lo que podríamos decir que era la compra de la semana metida en una cesta de esas que tu abuela usa para meter flores con artículos taaaan útiles como un paquete de salsa curry ya hecha o comida para pájaros. Lo que más ilusión me hizo fue la lata de piña (por lo de ser lo único que encontraría también en una cesta española) y la lata de atún (sí, sí, de atún). Claro, todo sea por la crisis, madre mía.
La fiesta de después tampoco fue gran cosa: Glühwein, cervezas y refrescos (bueno, también había chocolate caliente, pero seamos francos, habiendo alcohol ¿para qué pillarse un chocolate si después dan comida?). En cuanto a la comida, era típica holandesa, salchichas, carne y 3 tipos distintos de stampot (ooohhh se estiraron ¬¬). Que qué es eso del stampot?: pues puré de patatas mezclado con otras verduras, con zanahorias, con chucrut o con una cosa verde que no me acuerdo qué era pero que era el que mejor estaba. Y eso con un chocolate caliente...
La comida de la empresa, por así decirlo fue con los del departamento. Ese día además empezó a nevar de forma importante y nos fuimos andando al restaurante, como unos valientes. Incluso después de pedir por teléfono como 2 horas antes de ir para "no tardar mucho" cuando llegamos no estaba preparado y nos tiramos como 2 horas para comer. Nos pusimos para echar a rodar, menos mal que pagó la empresa xD.
Ese día siguió nevando y se formó una capa importante en la calle, pero el sábado no, lo que no me hizo sospechar lo que se avecinaba...
El domingo venía mi familia por la tarde. Volaban a Ámsterdam y yo iba a recogerles en tren para quedarnos a dormir allí y ver la ciudad al día siguiente. Ja!! Sobre las 2 de la tarde me llama Helena para decirme que me asome a la ventana. Diorrr qué forma de nevar. Así que me arreglé, recogí lo que pude y me fui a la aventura.
Nada más llegar a la estación vives el caos. Uno piensa que a Holanda, vecina de la supermegahiper organizada Alemania, se le habrá pegado algo. Pues no amigos, Holanda podría ser vecina perfectamente de España, pero no la España del norte, con sus quitanieves y sal, no, esto podría pasar perfectamente en Madrid. Caos.
Como iba diciendo, llegué a la estación de trenes para ver que no había ni un cartel encendido. Fui a preguntar qué hacer para llegar a Schiphol y el tío me dice que me quede en casa (que a la larga hubiera sido lo mejor), así de claro. Que si no es urgente ir a Schiphol mejor no ir, claro, para mí era urgente, así que me fui corriendo al andén que me dijo, preparada a que tendría que seguir las indicaciones por megafonía (he dicho que no entiendo holandés que no sea por escrito?).
En principio el plan era ir de Nijmegen a Arnhem, de Arnhem a Utrecht y de Utrecht a Schiphol. Demasiado fácil. Cuando llegué a Arnhem el andén estaba hasta arriba de gente con maletas (buena señal), pero demasiado lleno (malo). Nos tiramos como una hora escuchando al de la megafonía decir que el tren llegaba con retraso (eso sí que era un eufemismo) cuando por fin dijeron que el tráfico estaba interrumpido entre Arnhem y Utrecht, así sin más. Después de espera otro rato largo ya por fin anunciaron un tren a Utrecht. En la otra punta de la estación. Pues nada, yo siguiendo a gente con maletas por todas partes e intentando no romperme la crisma, porque claro, las estaciones estaban llenas de nieve, que de tan pisoteada que estaba era ya una capa de hielo.
El tren en cuestión iba hasta la bandera, pero conseguí sentarme y como no, iba parando en tooodas las estaciones que se encontraba. A todo esto me llama mi hermana y dice que les cancelan el vuelo. Tooooma ya. Seguí en el tren esperando próximos avances desde Barajas por si las moscas. Pero nada, cuando llegué a Utrecht por fin (3 horas después) no había manera de que el avión saliera desde Madrid. Ellos a un hotel, yo de vuelta al tren a casa. Menos mal que ese viajecito no fue de 3 horas.
Con la nieve por los tobillos llegué a casa, donde mi compañera, preocupada por el estado de Schiphol (su avión salía al día siguiente a mediodía) y de los trenes llamaba a un taxi para llegar a la estación a las 5 de la mañana para coger el primer tren. Pues nada, yo con ella. A madrugar de forma salvaje. Ya en la estación nos tocó esperar una horita porque el primer tren de ese día simplemente no salió. Y ya cuando estabamos sentadas dentro esperando los últimos minutos antes de partir me llama otra vez mi hermana diciendo que por la nevada caída en Madrid no salen. Otra vez a casa a dormir.
En fin, que ya por fin pudieron venir el miércoles, pero de una semana que iban a estar se quedó en prácticamente 3 días. Por lo menos las Navidades las pasamos en familia y mi padre me ha arreglado la bici que pensaba que ya era cadáver. El problema es que ya se me había olvidado que era tan alta y tan pesada y esta mañana después de hacer las compras casi me la pego, porque por cierto, ha nevado otra vez, y como aquí no se estila eso de la sal pues ya era un poco hielo más que nieve.
Todo este rollo es para deciros que lo bueno es que mañana será otro día y otro año y que lo paséis muy bien esta noche, que cuidado con los excesos y que para el año que viene más y mejor.
La última semana de trabajo fue bastante relajada, el martes era el día grande en la empresa: nos daban la cesta de navidad y había fiesta en la cantina. Resultado: una caja con lo que podríamos decir que era la compra de la semana metida en una cesta de esas que tu abuela usa para meter flores con artículos taaaan útiles como un paquete de salsa curry ya hecha o comida para pájaros. Lo que más ilusión me hizo fue la lata de piña (por lo de ser lo único que encontraría también en una cesta española) y la lata de atún (sí, sí, de atún). Claro, todo sea por la crisis, madre mía.
La fiesta de después tampoco fue gran cosa: Glühwein, cervezas y refrescos (bueno, también había chocolate caliente, pero seamos francos, habiendo alcohol ¿para qué pillarse un chocolate si después dan comida?). En cuanto a la comida, era típica holandesa, salchichas, carne y 3 tipos distintos de stampot (ooohhh se estiraron ¬¬). Que qué es eso del stampot?: pues puré de patatas mezclado con otras verduras, con zanahorias, con chucrut o con una cosa verde que no me acuerdo qué era pero que era el que mejor estaba. Y eso con un chocolate caliente...
La comida de la empresa, por así decirlo fue con los del departamento. Ese día además empezó a nevar de forma importante y nos fuimos andando al restaurante, como unos valientes. Incluso después de pedir por teléfono como 2 horas antes de ir para "no tardar mucho" cuando llegamos no estaba preparado y nos tiramos como 2 horas para comer. Nos pusimos para echar a rodar, menos mal que pagó la empresa xD.
Ese día siguió nevando y se formó una capa importante en la calle, pero el sábado no, lo que no me hizo sospechar lo que se avecinaba...
El domingo venía mi familia por la tarde. Volaban a Ámsterdam y yo iba a recogerles en tren para quedarnos a dormir allí y ver la ciudad al día siguiente. Ja!! Sobre las 2 de la tarde me llama Helena para decirme que me asome a la ventana. Diorrr qué forma de nevar. Así que me arreglé, recogí lo que pude y me fui a la aventura.
Nada más llegar a la estación vives el caos. Uno piensa que a Holanda, vecina de la supermegahiper organizada Alemania, se le habrá pegado algo. Pues no amigos, Holanda podría ser vecina perfectamente de España, pero no la España del norte, con sus quitanieves y sal, no, esto podría pasar perfectamente en Madrid. Caos.
Como iba diciendo, llegué a la estación de trenes para ver que no había ni un cartel encendido. Fui a preguntar qué hacer para llegar a Schiphol y el tío me dice que me quede en casa (que a la larga hubiera sido lo mejor), así de claro. Que si no es urgente ir a Schiphol mejor no ir, claro, para mí era urgente, así que me fui corriendo al andén que me dijo, preparada a que tendría que seguir las indicaciones por megafonía (he dicho que no entiendo holandés que no sea por escrito?).
En principio el plan era ir de Nijmegen a Arnhem, de Arnhem a Utrecht y de Utrecht a Schiphol. Demasiado fácil. Cuando llegué a Arnhem el andén estaba hasta arriba de gente con maletas (buena señal), pero demasiado lleno (malo). Nos tiramos como una hora escuchando al de la megafonía decir que el tren llegaba con retraso (eso sí que era un eufemismo) cuando por fin dijeron que el tráfico estaba interrumpido entre Arnhem y Utrecht, así sin más. Después de espera otro rato largo ya por fin anunciaron un tren a Utrecht. En la otra punta de la estación. Pues nada, yo siguiendo a gente con maletas por todas partes e intentando no romperme la crisma, porque claro, las estaciones estaban llenas de nieve, que de tan pisoteada que estaba era ya una capa de hielo.
El tren en cuestión iba hasta la bandera, pero conseguí sentarme y como no, iba parando en tooodas las estaciones que se encontraba. A todo esto me llama mi hermana y dice que les cancelan el vuelo. Tooooma ya. Seguí en el tren esperando próximos avances desde Barajas por si las moscas. Pero nada, cuando llegué a Utrecht por fin (3 horas después) no había manera de que el avión saliera desde Madrid. Ellos a un hotel, yo de vuelta al tren a casa. Menos mal que ese viajecito no fue de 3 horas.
Con la nieve por los tobillos llegué a casa, donde mi compañera, preocupada por el estado de Schiphol (su avión salía al día siguiente a mediodía) y de los trenes llamaba a un taxi para llegar a la estación a las 5 de la mañana para coger el primer tren. Pues nada, yo con ella. A madrugar de forma salvaje. Ya en la estación nos tocó esperar una horita porque el primer tren de ese día simplemente no salió. Y ya cuando estabamos sentadas dentro esperando los últimos minutos antes de partir me llama otra vez mi hermana diciendo que por la nevada caída en Madrid no salen. Otra vez a casa a dormir.
En fin, que ya por fin pudieron venir el miércoles, pero de una semana que iban a estar se quedó en prácticamente 3 días. Por lo menos las Navidades las pasamos en familia y mi padre me ha arreglado la bici que pensaba que ya era cadáver. El problema es que ya se me había olvidado que era tan alta y tan pesada y esta mañana después de hacer las compras casi me la pego, porque por cierto, ha nevado otra vez, y como aquí no se estila eso de la sal pues ya era un poco hielo más que nieve.
Todo este rollo es para deciros que lo bueno es que mañana será otro día y otro año y que lo paséis muy bien esta noche, que cuidado con los excesos y que para el año que viene más y mejor.
¿Ya tenéis los propósitos de año nuevo? Yo no, igual que Calvin soy perfecta tal como soy ;)
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